Por Rafael Arráiz Lucca
Si alguien temía por la salud de la democracia norteamericana acaba de salir de dudas. Los electores estadounidenses eligieron a un afrodescendiente, cuando cuarenta años antes los nietos de los negros esclavos, que fueron factores fundamentales en la construcción de la nación, sufrían una discriminación lacerante. En apenas cuatro décadas, los morenos pasaron de no poder montarse en los autobuses a estudiar en Harvard y alcanzar la Presidencia de la República. Si esto no es democracia, ustedes me dirán de qué otro tipo de milagro se trata. Se restaura el "Sueño Americano": no importa la cuna en que nazcas, si estudias y trabajas fuerte, llegas a donde quieras.
Me adelanto a aclarar que Obama no alcanza la cima del poder político por ser negro, sino por sus virtudes personales, su inteligencia, su voluntad de trabajo, la coherencia de su discurso. Cuidado con confundirnos: no se trata de una legión de necios eligiendo a otro por el color de su piel, sino por lo que significa como punta de lanza de un cambio en Estados Unidos.
El 13 de julio de este año publiqué en este mismo espacio una reseña del libro del candidato demócrata, "La Audacia de la Esperanza", entonces advertí que esta bandera lo llevaría a la Presidencia. Algunos de mis lectores me escribieron o me dijeron que erraba, que en Estados Unidos no podía ganar la Presidencia un negro. Qué equivocados estaban, y qué subestimación del pueblo norteamericano. Pensaban que pesaría más el color del candidato que su proyecto político. Quedó demostrado que la política no es sólo una infatuación mágica de los sentidos, fundada exclusivamente en las emociones, sino que también cuenta lo que se dice y ofrece.
La mayoría, por no decir la totalidad de las personas que me comentaron el artículo, jamás habían leído algo escrito por Obama, de modo que la percepción que tenían de él estaba intermediada por alguien: los medios, las opiniones interesadas, un cúmulo de prejuicios que repetían como loros. Esto, que lamentablemente es el pan nuestro de cada día, me confirma una vez más que la mejor manera de saber quién es alguien y qué piensa es leer lo que escribe. Esto, la mayoría no lo hace, y la imagen que se hacen de los hombres públicos puede llegar a ser un amasijo de medias verdades, prejuicios y simplificaciones.
Le dije a centenares de personas en 1998 que leyeran el libro de entrevistas que Agustín Blanco Muñoz sostuvo con Chávez, "Habla el Comandante", para que supieran quién era el personaje, cómo estaba dominado por reducciones infantiles de la realidad, cómo lo poblaba una ignorancia camuflajeada por la arrogancia, y hacia cuál barranco nos conduciría. No me equivoqué porque leí claramente lo que decía. Pocos lo hicieron: después no han hecho sino llorar por su falta, mientras quieren que les solucionen el problema cuanto antes.
El hombre que escribe "La Audacia de la Esperanza" es inteligente, sensato, con una cabeza bien organizada, bien formado, con una voluntad respaldada por la buena ventura. ¿Será el puente entre un Estados Unidos y otro? Llega en el momento preciso para serlo y tiene las condiciones, pero no podemos saber si lo logrará. Dependerá mucho de la manera como se comunique con la gente y, además, que sepa interpretar correctamente el trabajo que los electores le han encargado. Por otra parte, siempre habrá un bache entre las expectativas de la gente y lo que Obama pueda lograr. Si alguien cree que implementará políticas socialistas se equivoca, corregirá rumbos, le asignará un mayor papel al Estado, pero no se saldrá de los parámetros de la democracia liberal. Así lo ha dicho.
El Nacional - Caracas, domingo 09/11/2008
Email: jesusgonzalez [en] gmail.com
Comments are closed for this post.